La Gendarmería pensó que el perro al que llevaba comida era un miembro de ETA.

Una familia francesa, oriunda de Navarra, ha denunciado a las autoridades judiciales galas el asalto de su casa por las fuerzas especiales de la Gendarmería, que confundió al perro con un militante de ETA. Su abogado va a reclamar al Ministerio de Justicia una indemnización de 30.000 euros por los destrozos causados en la vivienda a raíz del equívoco, ocurrido hace tres años.

La rocambolesca historia en la que se vieron envueltas María Inés, nacida hace 65 años en Pamplona, y sus hijas Nathalie y Elisabeth tiene su origen en el fallecimiento del cabeza de familia en 1999. Durante 40 años el matrimonio había convivido en una casa apartada de Feugarolles, localidad del departamento de Lot y Garona a 26 kilómetros al oeste de Agen (suroeste de Francia). En la primavera de 2004 la viuda sufrió una crisis de meningitis y convaleció junto a sus hijas, domiciliadas en la región, para no estar sola.

Pinchazos telefónicos

En abril de ese año a los gendarmes de Lavardac les infundieron sospechas las idas y venidas de las tres mujeres a la vivienda. Con el visto bueno de la fiscalía de Agen, sometieron la casa a vigilancias con cámaras de vídeo camufladas, filmaron y fotografiaron a las sospechosas en sus visitas semanales con bolsas de comida, latas de conserva y enseres personales e interceptaron sus conversaciones telefónicas en las que se referían a menudo a un tal Gastón. La alarma se intensificó la vez que las vieron con una olla a presión.

Al cabo de tres meses de espionaje, los investigadores llegaron al convencimiento de que la casa servía de escondite a un activista de ETA. «Como la familia es de origen vascoespañol y a la hija, que no tiene coche, su cuñado le prestó uno matriculado en España, se imaginaron que alojaban a un etarra al que llevaban comida con regularidad», explica el abogado Edouard Martial, encargado del caso.

La mañana del 7 de julio de 2004 las unidades de intervención del GIGN asaltaron la vivienda. «Encapuchados y armados, reventaron con explosivos puertas y ventanas e irrumpieron en la casa, que dejaron en estado lamentable», afirma el letrado. De manera simultánea, las tres mujeres fueron detenidas en sus domicilios y conducidas a comisaría. «No entendían nada de lo que les estaba pasando. Hasta que en los interrogatorios les preguntaron: ¿quién es Gastón? ” El perro” , contestaron».

Edouard Martial escribió ayer al fiscal de Agen para pedirle que reciba a sus clientas, les explique la confusión y les presente las disculpas que llevan esperando desde aquel día de San Fermín. El magistrado que ordenó el asalto ya no ejerce en la jurisdicción. «El juez de Agen, sin duda intoxicado por los gendarmes, llevó el caso solo. Nunca lo comunicaron a París. Creo saber que fue trasladado a raíz de este asunto», apunta el abogado a modo de epílogo de esta «historia de locos».