9 Feb 2008
ETA volvió a presionar ayer a los jueces con un atentado contra el juzgado de Vergara (Guipúzcoa), después de que el pasado diciembre colocara una bomba en el juzgado de paz de Sestao y el mes anterior otra en la sede judicial de Guecho. El atentado se atribuye al «comando Vizcaya», que se habría desplazado a Guipúzcoa una semana después de que la Ertzaintza localizara en Guecho, alertada por un ciudadano, un barril de cerveza que contenía 35 kilos de un explosivo que nunca antes había utilizado la banda terrorista, el amonitol, que es una mezcla de nitrato de amonio, polvo de aluminio y nitrometano.
Las Fuerzas de Seguridad consideran que uno de los componentes de ese explosivo, el nitrometano, proviene del robo perpetrado por ETA en Francia el pasado mes de octubre. Con el material sustraído, los terroristas podrían estar trabajando en una nueva fábrica de bombas, que habría sustituido o funcionado de forma simultánea a la desactivada el pasado mes de septiembre en la localidad francesa de Cahors.
El Departamento vasco de Interior no concretó ayer si ETA utilizó o no en Vergara ese nuevo explosivo. A la espera de determinarlo con exactitud, la Ertzaintza informó de que los terroristas habían utilizado quince kilos de explosivos. La bomba produjo importantes daños materiales. Testigos de la explosión relataron que las casas se movieron a varios metros de distancia de la sede del juzgado, en la calle de San Pedro, que quedó sembrada de cristales. La explosión destruyó varios coches aparcados en las inmediaciones del juzgado, desencajó decenas de ventanas de viviendas próximas y destruyó las lunas de los comercios.
No obstante, no hubo daños personales, ya que, doce minutos antes de las doce, una patrulla de la Ertzaintza detectó la presencia de las mochilas en el exterior del juzgado e inició el desalojo del edificio, en cuyo interior sólo se encontraban los vigilantes de seguridad. Dos minutos después de la medianoche, los bomberos de Oñate recibieron una llamada en nombre de ETA. Aunque se trataba de una voz grabada, que no se entendía bien, la persona que la escuchó creyó oír que la bomba estallaría a las doce y media, diez minutos después de cuando realmente lo hizo.
El sistema de videovigilancia de los juzgados grabó a un joven con la cara cubierta con una capucha que dejó, a las doce menos veinte, el explosivo repartido en dos mochilas. Las Fuerzas de Seguridad consideran que ese joven podría ser o Jurdan Martitegi o Arkaitz Goikoetxea, miembros del «comando Vizcaya».
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