Dos personas fueron detenidas en San Sebastián por su participación en los gravísimos incidentes registrados ayer al término de un “festival antifascista”, que había sido organizado por la izquierda aberzale en protesta por una marcha de la Falange inicialmente prevista en la capital donostiarra. La virulencia de los disturbios aconsejó conducir al medio millar de ultras a un centro comercial situado en las afueras, donde lanzaron gritos contra el Rey, la Constitución y los presos de ETA antes de regresar a sus autobuses.

El despliegue policial de la Ertzaintza, integrado por una decena de furgonetas que posteriormente recibió refuerzos, fue insuficiente para evitar que la ciudad quedara sumida en el caos. A las cinco de la tarde estaba prevista la llegada de los ultraderechistas al Boulevard donostiarra, donde sorprendentemente el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco había autorizado la celebración de un acto. Pero centenares de radicales se habían adueñado ya del centro de la ciudad.

BARRICADAS EN LLAMAS.

Los alborotadores cortaron decenas de calles con barricadas en llamas. En un área de un kilómetro cuadrado, desde la Parte Vieja hasta la calle de San Martín, todos los contenedores de basuras fueron volcados y cruzados, haciendo imposible el tráfico rodado. Las cargas policiales sorprendieron a muchos paseantes y turistas, que se vieron rodeados por los enfrentamientos que se sucedían en todas las calles del centro.

Durante los días previos, varios colectivos de la izquierda aberzale, incluidos Batasuna y ANV, habían convocado para ayer un festival “antifascista” ante la anunciada celebración de una marcha de la Falange con el lema España, única nación. Toda la zona amaneció con carteles contra los falangistas, y a las tres de la tarde comenzó un festival musical ante un millar de personas. El grupo que cerró el concierto interpretó temas como Mátalos y Alguien tiene que apretar el gatillo, a lo que el público respondía “ETA”.

COORDINACIÓN.

Los radicales aberzales demostraron una perfecta coordinación en sus acciones. Apenas terminado el concierto, se dispersaron por las calles adyacentes. A la espera de los falangistas, formaron grupos para atacar a la Ertzaintza. Mientras unos lanzaban piedras, petardos y bengalas a los agentes, otros rompían las lunas de varias entidades bancarias, incendiaban cajeros y arrasaban mobiliario urbano. También destrozaron escaparates comerciales y vehículos aparcados. A escasos metros del dispositivo policial, cruzaron dos autobuses, aunque no lograron incendiarlos.

La policía se veía superada y las cargas de los agentes no podían controlar los desmanes que se sucedían a gran velocidad. A media tarde y durante más de dos horas, algunas calles céntricas tenían cinco barricadas en llamas. Todas las vías perpendiculares al Boulevard eran escenario de enfrentamientos.