Agosto 2007


Jimmy Carter en la rueda de prensa que ha ofrecido en Santander. Foto: EFEEl ex presidente de los EE.UU. Jimmy Carter, Premio Nobel de la Paz, ha asegurado hoy que la fundación que lleva su nombre está dispuesta a mediar entre el Gobierno español y ETA si se lo piden, pero ha subrayado que prefiere que el conflicto sea resuelto “dentro de este país” y mediante conversaciones directas.

“Mi esperanza y mi preferencia es que este tema sea resuelto dentro de este país, directamente entre el Gobierno de España y los miembros responsables de la comunidad vasca que estén buscando un cierto nivel de autonomía”, ha señalado Carter, en una rueda de prensa previa a la conferencia prevista en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sobre energía y pobreza.

El ex presidente demócrata (1977-1981) ha recordado que durante los años noventa el Centro Carter se reunió en la República Dominicana con dirigentes de ETA y ofreció al Gobierno español -entonces en manos del PP- su mediación para “negociar un posible acuerdo de paz”.

“Pero el Gobierno español de aquel momento pidió al Centro Carter que no se involucrara y entiendo la razón, porque querían hacer frente al problema por ellos mismos”, ha añadido.

Carter desea que el fin de ETA “sea posible a través de una negociación directa”, aunque ha añadiado que “siempre y cuando que las dos partes lo pidan, la mediación de un tercero sería posible”.

“Entonces el Centro Carter estaría dispuesto a participar. No lo estoy pidiendo. Creo que la primera opción debería ser conversaciones directas”, ha precisado.

El Ministerio del Interior va a llevar hasta el último rincón de España la campaña diseñada para capturar o impedir los movimientos de los seis etarras más peligrosos, los que las fuerzas de Seguridad consideran miembros de los comandos con órdenes para atentar este verano.

El departamento que dirige Alfredo Pérez Rubalcaba ha multiplicado por cinco el número de carteles con las imágenes a color de los seis terroristas que ya comenzó a colocar hace diez días, con la intención de que sus rostros se exhiban en cada lugar público transitado de todos los municipios del país. Se busca que los ciudadanos faciliten pistas que permitan su detención y la localización de la infraestructura que utilizan o, en su defecto, que los terroristas no puedan moverse con impunidad ni por el pueblo más pequeño del país, por lo que ETA se verá obligada a considerarlos ‘quemados’ y apartarlos de sus acciones criminales.

Se trata de un elemento fundamental dentro del paquete de medidas preventivas que trata de evitar, hasta ahora con éxito, que ETA logre atentar en España después de que hace dos meses y medio rompiese de forma unilateral el alto el fuego que acordó en febrero de 2006.

La riada se carteles que han comenzado a pegarse en lugares públicos es el complemento a los controles aleatorios de vehículos en las fronteras y las carreteras, la inspección diaria de hospedajes, agencias inmobiliarias y alquileres de coches, la vigilancia de los nudos de comunicaciones, los controles por la Guardia Civil de áreas rurales y la investigación inmediata de las denuncias por robo de vehículo, entre otras medidas.

Pegada ampliada.

La campaña contra los seis etarras más buscados comenzó el 10 de agosto, con la colocación de 5.500 ejemplares en todas las comisarías y cuarteles de la guardia civil y en las principales estaciones de tren y autobús y aeropuertos. Interior ha decidido ahora ampliar la pegada hasta 25.000 póster. La medida permitirá extender su presencia a todos los nudos de comunicaciones, los hospitales, centros de salud y consultorios, las oficinas de turismo, las oficinas de denuncias y de expedición de documentos oficiales, y las instalaciones y equipamientos municipales más transitados, incluidos todas las que tengan atención directa al ciudadano.

Los 25.000 carteles, que se distribuyen a los ayuntamientos, se sumarán a los 21.000 juegos de fotografías y datos principales sobre los seis terroristas que ya comienzan a llevar, en tamaño folio, a los salpicaderos de los coches patrulla de la Policía Nacional y de la Guardia Civil y de algunas policías locales.

Interior recuerda la enorme importancia histórica de la colaboración ciudadana a la hora de localizar a miembros ETA y fuentes policiales indicaron que, desde el 29 julio, cuando las seis fotos comenzaron a verse en televisiones y periódicos, han recibido varios cientos de llamadas para ofrecer datos sobre personas semejantes a las que aparecen en las fotografías.

Un portavoz ministerial pidió que cualquier persona que pueda ofrecer información sobre el paradero de los etarras llame a los teléfonos gratuitos 900 100 091 (Policía) y 900 100 062 (Guardia Civil).

Los más buscados.

La lista de los terroristas más peligrosos está encabezada por Ander Múgica Andonegui, que el pasado 19 de julio abandonó dos bombas lapa en el taxi en que viajaba al detectar un control policial por la N-340, a la altura de Torreblanca (Castellón). También es el terrorista que logró huir un mes antes de otro control policial, en la frontera portuguesa, y dejó en un cuneta de Ayamonte (Huelva) un coche bomba con 130 kilos de amonal.

Junto a él aparece Joseba Mikel Olza Puñal, que fue condenado por la Audiencia Nacional en 2002 a quince meses de prisión por realizar pintadas amenazantes un año antes contra el PP y el PSOE en las calles de Pamplona.

Otros dos de los seis etarras, Eneko Zarrabeitia Salterain, ‘Sorgin’, y Saioa Sánchez Iturregui, ‘Hintza’, están relacionados con Aritz Arginzoniz, que fue detenido el mes pasado en la estación de autobuses de Santander cuando preparaba un atentado contra edificios públicos de la capital cantabra. En el auto de prisión, la Audiencia Nacional señaló que los tres se reunieron el 29 de junio pasado con Garikoitz Aspiazu Rubina, ‘Txeroki’, presunto responsable del ‘aparato militar’ de ETA, quien les ordenó que preparasen el atentado.

La lista se completa con Aitzol Etxaburu Arteche, al que las fuerzas de Seguridad relacionan con el coche bomba que ETA hizo estallar en el polígono industrial de Vicolozano, a cinco kilómetros de Ávila, junto a la academia de la Policía Nacional, y con Leire López Zurutuza, a quien la Audiencia Nacional vincula con el ‘comando Donosti’ desarticulado en marzo pasado.

Pregunta. Quienes le conocemos bien, señor Arzalluz, sabemos que hace ya mucho tiempo que usted se siente muy lejos de Madrid… pero no sé yo hasta qué punto su alejamiento de la política activa le ha alejado, más todavía, del foro, del poder del Estado.

Respuesta. La verdad es que respecto a Madrid-ciudad nunca me he sentido alejado, sino todo lo contrario. Yo me empecé a alejar de la política que se hacía en Madrid a partir de mi experiencia de diputado. Vivía allí, como es lógico; eran los primeros años de la Transición, la Constitución, el Estatuto. Fueron años muy duros, para mí muy duros, pues en la medida en la que uno no podía decir todo lo que pensaba, no podía aparecer como el que era, y, bueno, además yo recibí tales apaleamientos, en múltiples ocasiones. Aunque soy bastante duro, no dejé de sentir todos los palos que me dieron. Y me marché de allí con amargura. Luego, como consecuencia del cargo que tuve como presidente de la ejecutiva del PNV, primero en las etapas de Suárez y Abril Martorell y Felipe, y después en la de Aznar, que fue peliaguda. Se me hace profundamente desagradable el recuerdo de toda aquella política tan falsa y despiadada. Ahora que no tengo ninguna responsabilidad política le diré que lo que veo, la política que se está haciendo ahora, me parece una realidad marciana.

P. Me pregunto si no estará hablando como habla un resentido. Porque nadie puede dudar de que con su retirada Euskadi ha perdido uno de sus más sólidos referentes y el PNV ha perdido su mascarón de proa. Pero quizá usted haya perdido más, ¿no?

R. ¿Yo? ¿Si yo he perdido más, dice? Mire, si fuera un ambicioso y hubiera estado en la política por las razones que han llevado a otros a aguantar, pues habría perdido, pero yo me marché, me marché porque tenía ya pasados los 70 años y creía, por decoro, que no podía estar en los tratos de la política. Pero que quede claro que yo me marché porque quise, ¡a mí no me han echado! No tengo ni resentimiento ni ambición política ni nostalgia, ¡no la tengo! Cumplí con mi función lo mejor que pude, aunque evidentemente podría haberlo hecho mejor, pero todo eso se acabó y le aseguro que no tengo ninguna tentación de actuar, de intervenir. Y podría intervenir, se lo aseguro.

P. Pues a mí me cuesta creer que no sufra usted el desarraigo del poder después de haber sido el poder en el PNV tantos años, y en la política vasca, y en la del Estado, alguien de quien no se podía prescindir.

R. Acepto serenamente el hecho real de que yo ya soy un individuo en desguace. Si yo fuera tan soberbio, como una vez me dijo Felipe González que era, pensaría que podría ahora tener un papel imprescindible que no lo tengo. Estoy en la posesión total de la normalidad que hoy a mí me corresponde. ¡No añoro nada! Y estoy bien. Es verdad que no estoy en modo alguno de acuerdo con cómo se están haciendo las cosas, ni en la política general ni en la de mi partido. Si yo hubiera seguido al frente del PNV, no habría hecho las cosas que hoy veo hacer, habría seguido otra línea, pero eso ya no es de mi competencia. ¡Ha venido otro! Por tanto, no puedo quejarme de nada, ni mucho menos intentar suplantar a nadie. ¡No sé qué tal les saldrá! A lo mejor les sale bien y resulta que ellos tienen razón y que yo no la tenía. Pero en general, en mis planteamientos, he sido mucho más duro de lo que estoy viendo que están haciendo los de ahora, salvo Ibarretxe. Tengo totalmente asumido que en cuanto me fuera iban a prescindir de mí. Y eso es así aquí y en el PSOE y en todas partes. En cuanto dejas de ser, en cuanto lo dejas, vienen otros y es que no se les ocurre ni consultarte. Aznar, por ejemplo, está ahí, encaramado en el FAES ese. Pero si se ha creído que puede volver, se equivoca; porque no se lo van a permitir ni los que están ni los que puedan venir. A mí eso también me podía pasar si intentara alguna maniobra para volver.

P. Supongo que no podrá evitar la frustración, la impotencia, de ver que en el PNV se están haciendo cosas que seguramente usted no haría.

R. No me gusta la política del PNV de cara al Gobierno de Madrid o respecto a lo que hay que hacer aquí. Yo, lo más parecido que encuentro hoy, más en mi línea, es la política de Ibarretxe, y por tanto ésa es la que apoyo. Y, bueno, de Ibarretxe… ya sabe lo que se piensa de Ibarretxe. En Madrid, en el Gobierno socialista, en el PP, en su periódico y en los demás.

P. Y en el PNV también, ¿no?

R. Algunos, algunos también están en esa posición contra Ibarretxe en la actual dirección del PNV, eso es cierto. Pero Ibarretxe tiene hoy detrás a la mayoría del PNV ¡Eso sin dudarlo! Y también en la dirección hay muchos que aunque no se les ve, aunque no lo declaran, porque son discretos, están claramente en la línea de Ibarretxe.

P. Una línea que en Madrid se considera radical, sin sentido, irreal, frente a la línea moderada y pactista de Josu Jon Imaz que…

R. ¡Pero si yo he sido pactista! ¡Hasta con Aznar hice mis pinitos, hasta que vi que no había nada que hacer con aquel hombre! Yo soy de eso que ha dicho usted, de esa vertiente radical del PNV, y para mí las formulaciones de Ibarretxe son fundamentales, son básicas. Y no estoy dispuesto a entrar en lo políticamente correcto de Madrid. Yo me callaré, transigiré, como lo hice en su día. Aunque hoy no tengo por qué callarme ni por qué transigir, salvo que estorbo, ¿no? Porque no tengo la misión de ir dando doctrina por ahí. Pero le diré una cosa cierta: en mi partido hay poca gente que sea atrevida, como yo, para decir hacia fuera lo que piensan. Y si no hay gente que diga que no está con Ibarretxe es porque todo el mundo está con él. Otra cosa son los compromisos que haya adquirido la gente, los que están en determinados puestos o los que quieren conservar un modus vivendi o una sinecura o un trabajo, los “interesados”. Pero la gente llana nacionalista, ésa, está con Ibarretxe.

P. No sé si usted piensa que Imaz, por el contrario, se ha entregado a los socialistas, que le está poniendo las cosas demasiado fáciles a Zapatero.

R. No lo sé… Creo que Zapatero había intentado una cosa buena con la tregua y, por tanto, como le dijo Erkoreka en el Congreso, pues estaba de acuerdo, porque él ha intentado buscar una solución de diálogo y yo con eso estoy de acuerdo. Eso es lo que yo le pedía a Aznar y no hubo manera. Y todo aquello de Lizarra, pues fue un intento por nuestra parte de negociación con ETA: “Ya que no se puede con Madrid, pues si podemos conseguir entre nacionalistas”, me dije. Pero no pudimos, no pudimos. Y eso que ahora exige Rajoy de que Zapatero entregue las actas. ¡ETA sacó todas nuestras actas, menos una, la que no le convenía, y ésa no la sacarán!

P. Quizá usted se sienta de alguna manera solidario con Zapatero, al que ETA ha acusado, como hizo con usted, de no cumplir compromisos que no están más que en la imaginación de los terroristas.

R. Desde luego, con nosotros ETA mintió. Sacaron como definitivos los papeles que quisieron, sólo lo que les interesaba. Y yo hasta entonces creía que ETA no mentía, entre vascos, quizá sea un cierto orgullo que tenemos de no mentir y de atenernos al pacto; pero con nosotros lo rompió todo, todo. Y no es que Zapatero esté pasando por la misma situación, pero, evidentemente… Esa gente exige condiciones, exige cosas que a mí no me extraña nada que Zapatero no se las dé porque no puede dar, ni de lejos, lo que esta gente pide. Pero yo lo que planteo es que si realmente en Madrid se creen que con el Estatuto se ha solucionado todo o con el Título VIII de la Constitución, y todo lo demás. Un referéndum serviría para saber si hay un arreglo de convivencia o no convivencia. Porque, yo, vasco, ¿qué quieres que piense, si no nos dejan ni expresarnos? ¡Así no se soluciona nada!

P. Lo que sí parece claro es que ETA con su versión de las negociaciones con Zapatero está intentando explicar, justificar, un próximo atentado, ¿no?

R. Hasta ahí no llego. Pero, desde luego, ETA siempre justificará sus actos, siempre echará las culpas al otro, porque eso en ETA ha sido una constante. Y lo harán con Zapatero y con cualquiera, si las cosas no van como ellos quieren. Y la verdad es que es muy difícil que las cosas vayan como ellos quieren porque el poder político de Zapatero, o de cualquier otro, es muy limitado en las circunstancias que hay en España. Y por eso es muy difícil negociar con ellos, aunque sea partidario de seguir negociando y negociando. Y creo que Zapatero debe seguir intentando la negociación aunque ahora, por las presiones del PP, lo niegue.

P. Lo cierto es que el PP ha pretendido que la versión de ETA sobre las negociaciones tenga más crédito que la versión del Gobierno. ¿No le parece disparatado eso?

R. ¡Eso mismo nos pasó a nosotros también! ¡Aquello del papel que ETA intentó colar como parte de los acuerdos y que era falso totalmente!, pero lo que decíamos nosotros en Madrid no lo aceptaba como la verdad; se aceptaba más la versión de ETA, pero era para ir contra el PNV. ¡Es absurdo eso! Que un partido hecho y derecho, aunque a nosotros no nos guste, como es el PP, acepte más la versión de ETA que la del Gobierno… ¡es esperpéntico! Al PP no le conviene darle la razón a Zapatero y, por tanto, se la dan al otro.

P. Pero tampoco se ha librado el PNV de los ataques de ETA por su posición en el proceso. Siempre fue el PNV el traidor, pero ahora es el corrupto, el “partido del negocio vasco”.

R. Eso de calificar al PNV como el partido de los negocios no es justo. Y tengo que decir que en Herri Batasuna siempre ha habido sectores de gente que estaban bien forrados y que con eso de que se apuntaban a HB pues tenían garantías de que no iban a ir a por su cartera. Pero ETA no puede meterse en ese tipo de juicios, porque si pueden acusar al PNV de que saca dinero de quienes lo tienen y lo dan voluntariamente, yo acuso a ETA de que el dinero lo sacan con la pistola en la mano. Porque si a mí me dijeran que es el pueblo vasco el que sostiene a ETA, porque hay colectas voluntarias, gente que da. ¡Pero no es así! ETA tiene que financiarse, hasta su última bala, de lo que sacan, de los que tienen, claro, a golpe de amenaza de muerte, aunque ahora hayan bajado un poco el tono. Entonces ellos no pueden hablar del PNV como el “partido del negocio”, porque el primer partido del negocio son ellos.

P. Que no trabajan, como no sea en el negocio de la muerte.

R. Eso es así. Pero no quiero caer en la simpleza, en la falsedad de quienes dicen que los de ETA viven estupendamente, que no les falta dinero, que son unos cobardes. ¡No, no! Meterse en una organización como ETA es algo muy duro y viven mal, viven mal; ahí no puede haber duda, viven una vida de peligro. ¿Quién arriesga hoy su vida, y por qué? Pero ellos tampoco pueden ignorar el efecto que hacen sobre los demás, y eso de que vayan poniendo la pistola en la cabeza del uno o del otro que tiene dos duros, porque muchas veces no son más de dos duros lo que sacan. Y con eso se financian todos, sin que nadie controle ni sus finanzas ni nada, porque ellos son “el pueblo” y tienen derecho a todo. ¡No, hombre! ¡Eso no lo aceptamos de ninguna manera! ETA lo primero que tenía que hacer es un examen de sus propios métodos. Y es verdad que el PNV tiene mucho poder, pero no se financia con las pistolas.

P. Oyéndole me convenzo, más todavía, de que sigue siendo el “perro guardián del caserío”, como usted mismo se definió un día, frente al asedio de Madrid. Pero no sé si estaba usted preparado para ese día en el que ya nadie le esperaba en Sabin Etxea.

R. Estaba preparado psicológicamente para ese día. Y bien, yo en esos momentos me sentí muy querido por mucha gente de mi partido, pero también he sentido cómo otra gente, la que yo llamo los “interesados”, pues te vuelven la vista y hasta hablan mal de ti. Y me duele que la gente que antes me halagaba ahora tienen que aparentar que no tienen nada que ver conmigo o están contra mí. Y le aseguro que para mí fue una liberación el dejarlo, porque la verdad es que yo he llevado una vida muy dura, y la prueba es que ninguno de mis hijos ha seguido mi camino. Yo me retiré a mi vida privada, que la llevo muy privada. Y frente a todos estos roqueros que vienen, y que no son de mi mundo, pues prefiero que piensen otros. No estoy conspirando ni he querido montar una resistencia frente a lo que se está haciendo en mi partido.

P. No son pocos quienes le sitúan a usted en la conspiración de Ibarretxe y Eguibar contra Imaz. ¿Usted cree que sobre el PNV planea otra vez el fantasma de la escisión?

R. Yo no conspiro contra Imaz. Pero yo estoy con Ibarretxe, de eso no hay duda. Y en la medida en que Imaz no esté con Ibarretxe, pues yo no estaré con él. Pero yo excluyo totalmente, ¡totalmente!, cualquier riesgo de escisión, aunque haya agoreros que lo digan. Ya sufrimos una, y eso no se volverá a repetir. Desde luego, yo nunca estaría en eso, pasara lo que pasara. Yo siempre estaría en contra de una escisión, viniera del sector que viniera, incluso de los más afines a mis posiciones.

P. Me gustaría saber cómo ha conseguido blindarse frente al odio que ha despertado su imagen durante tanto tiempo.

R. Lo único que realmente me ha afectado es que desde Madrid no se haya querido reconocer nunca el esfuerzo del PNV por contribuir a que el proceso democrático fuera posible, enfrentándonos incluso a ETA, que no quería que fuésemos a las primeras elecciones. ¡Y luego, en Madrid, nos excluyeron de la ponencia política de la Constitución! Pero también tengo claro que frente a una bandera, la española, nosotros hemos puesto otra, y yo he aparecido como el que llevaba esa otra bandera. Y a mí lo que me extraña es que no me hayan pegado dos tiros.

El consejero del Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, se escudó ayer en que el PSE negoció con el PNV y la ilegal Batasuna durante el denominado «proceso de paz» cuestiones como la autodeterminación, para justificar que en el conjunto de la Comunidad Autónoma no se cumpla la legalidad en materia de uso de las banderas con la ausencia de la enseña de España.

Así, según recordó Balza, el PSOE, «hasta hace 15 días, ha estado negociando con el PNV y con la izquierda abertzale cuestiones como las nuevas relaciones con Navarra, las modificaciones estatutarias, el derecho de autodeterminación». Balza se refería así a las reuniones mantenidas en el Santuario de Loyola, en las que socialistas, nacionalistas y proetarras abordaron asuntos referentes a la autodeterminación, un órgano común vasco navarro y una eurorregión que incluyera además a las tres provincias del sur de Francia. Es más, recordó que durante el «proceso», el Ejecutivo de Zapatero contó con el apoyo del Gobierno vasco. Balza cree que el PSOE no puede hacer ahora «bandera de la legalidad».

De esta manera, el consejero del Interior respondía al delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, quien el jueves advirtió de que, si no se cumple con la sentencia que obliga a izar la bandera española en la academia de la Ertzaintza de Arcaute, está habilitado para dirigirse al Tribunal Supremo con objeto de que éste determine su cumplimiento.

Para Balza, el incumplimiento de la ley en materia de uso de bandera en el País Vasco es, sin más, una «culebra de verano» que «resurge 25 años después» de que el escándalo estallara a principio de los años ochenta. En efecto, significa que, un cuarto de siglo después, el respeto a la legalidad sigue siendo una asignatura pendiente en esta Comunidad Autónoma gobernada desde siempre por los nacionalistas.

Aplicando literalmente el principio de que la mejor defensa es un buen ataque, Balza optó por arremeter contra Paulino Luesma y negarle el papel de garante de la legalidad. Así, le recordó el «nulo papel» que tiene en el ámbito del País Vasco. «No tiene papel y hay que buscarlo, se atribuye funciones que no le corresponden», añadió el consejero vasco, que no hace mucho montó en cólera porque el Ministerio del Interior no le había informado inmediatamente y con detalle del coche que ETA abandonó en Ayamonte, provincia de Huelva. Y en su batería de descalificaciones hacia lo que representa la Delegación del Gobierno, Balza se preguntó dónde figura entre las responsabilidades de esta institución «ese papel de garante de la legalidad que quiere representar».

Y en su intento de desviar la atención, enfatizó que la sentencia referida a la colocación de enseñas en la academia de la Ertzaintza «ya ha sido cumplida hace dos años». Pero de Ajuria Enea, o de la sede del Ejecutivo vasco, o del Parlamento autonómico, nada.

El delegado contrarreplicó para insinuar que ni en Arcaute se cumple la normativa, ya que la bandera española está «oculta» dentro del edificio, pero no en el exterior, en lugar preferente. De hecho, Luesma comentó que el supuesto acatamiento de la Ley en la Academia «tendrá su contraste» y serán los tribunales quienes determinen «la adecuación o no a derecho de lo realizado».

Ya antes de las elecciones hubo tensiones entre la UPN de Miguel Sanz, en Navarra, y su “socio natural”, el PP de Rajoy. Sanz se quejó de alguna injerencia de sus amigos populares, que a partir de la manifestación antisocialista de Pamplona parece que llegaron a pensar que la hegemonía política de la Comunidad les correspondía por derecho propio. Sanz hubo de recordar que la UPN era un partido amigo pero no coincidente con el PP.

Esta distinción y distancia se acentuó en el discurso de investidura de Sanz, cuando asumió una política antiterrorista con la que el PP ha venido discrepando toda la legislatura: Miguel Sanz se comprometió a dar su apoyo a la política de Zapatero en esa materia.

Y ahora, la UPN de Miguel Sanz muestra un nuevo gesto de querer ir por libre en la nueva legislatura recién iniciada en Navarra: quiere grupo propio en el Congreso de los Diputados, para el breve tiempo que queda antes de las elecciones. Entienden los analistas que la reclamación de UPN bien puede ser uno de los guiños que Miguel Sanz prometió a los socialistas para recabar su abstención en las votaciones de la investidura. Desde luego, por buena disposición que hayan mostrado los populares, no ha podido gustarles nada la iniciativa de UPN. De hecho, Rajoy ha preferido hablar de la ministra de Fomento, y el portavoz de guardia del PP, Arias Cañete, ha remitido al futuro: Dialogaremos, dijo.

Por su parte, Miguel Sanz argumenta la dimensión nacional y europea que pretende dar a su grupo, al hacer “rancho aparte” del PP. Y lo hace con una nueva crítica al PP: “Cuando el PP no está en el Gobierno, es el momento de reconducir la situación”. Como si mirara ya más allá de este breve período de legislatura pendiente.

La aspiración navarra, por lo demás, tampoco resulta fácil de llevar a la práctica, si tenemos que en cuenta que UPN tan sólo dispone de dos diputados en el Congreso. Por muy buena disposición que exista, ¿se considerarán suficientes para constituir grupo parlamentario propio? Hay precedentes para entender que así podía suceder, con la suma de algunos otros diputados “prestados” por otros grupos “amigos”. Y además, ejerce especial incomodidad la actual situación de un grupo adversario que, aunque sea como miembro del grupo mixto, Nafarroa Bai, tiene voz propia en el Congreso, aunque dispone de una sola diputada, Uxue Barkos, cuyas ideas han llegado a ser conocidas por todos, contrariamente a lo que sucede con la UPN “sometida” a la disciplina del PP. Aquí, en cambio, se recuerda el caso del diputado navarro Juan Ignacio del Bueno, a quien el PP sí ha concedido alto grado de protagonismo.

Que la iniciativa de Miguel Sanz no ha gustado nada al PP se deduce de la reacción de Zaplana: “UPN sabe que sin el PP las cosas hubieran sido de otro modo en Navarra”. Hay algo de enfado y hasta de advertencia.

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